sábado, 28 de enero de 2017

Andre Williams

lunes, 2 de enero de 2017

Con gas

viernes, 30 de diciembre de 2016

Viscosa

fina/torneada/caprichosa
rasgada/plangente/misteriosa
transparente/raiada/dorida
lisa/leitosa/polida
cerimoniosa/excelsa/mundana
meiga/nostálgica/leviana
íntima/1ibidinosa/poética
saturada/satírica/céptica
alva/esclarecida/expectante
rasgada/vasta/exorbitante
misteriosa/contorcida/inabalável
egocêntrica/cruel/inexplicável
volúve1/inflamada/viciosa
fútil/distraída/caprichosa
maviosa/vibrante/condescendente
recreativa/rósea/prudente
viscosa/libertina/viciada
tranquila/pensativa/ debilitada
circunspecta/pomposa/formal
expansiva/generosa/total
mística/doente/devaneadora
agreste/descarnada/ameaçadora
frágil/melada/recolhida
depauperada/desbotada/sumida


Alberto Pimenta

miércoles, 6 de julio de 2016

Maneras de respirar

miércoles, 29 de junio de 2016

El cerezo




“Los imperios pueden levantarse y caer, libertad y esclavitud sucederse alternativamente, ignorancia y sabiduría cederse mutuamente el puesto; pero el árbol del cerezo continúa floreciendo en los bosques de Grecia, España e Italia, sin verse afectado nunca por las revoluciones de la humana sociedad”.

 David Hume 
 Diálogos sobre la religión natural

miércoles, 8 de junio de 2016

Sin dientes

Lámpara de tarde

jueves, 2 de junio de 2016

Himes por 50 centavos

Clifton

lunes, 9 de mayo de 2016

Perro hervido

martes, 12 de abril de 2016

Pastos y arenas

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
                de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


Para hacer el amor
Antonio Cisneros

martes, 5 de abril de 2016

Mala

soy
la muchacha mala de la historia,
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.

soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.

soy
la muchacha mala de la historia.


La muchacha mala de la historia
María Emilia Cornejo

jueves, 24 de marzo de 2016

Lila

Surgiste, emperatriz de los altares,
esposa de tu dulce Nazareno,
con tu atavío vaporoso, lleno
de piedras, brazaletes y collares.

Celoso de tus júbilos albares,
el ataúd te recogió en su seno,
y hubo en tu místico perfil un pleno
desmayo de crepúsculos lunares.

Al contemplar tu cabellera muerta,
avivóse en tu espíritu una incierta
huella de amor. Y mientras que los bronces

se alegraban, brotaron tus pupilas
lágrimas que ignoraran hasta entonces
la senda en flor de tus ojeras lilas.



La novicia
Julio Herrera Reissig

1900

viernes, 18 de marzo de 2016

Woman




fina/torneada/caprichosa
rasgada/plangente/misteriosa
transparente/raiada/dorida
lisa/leitosa/polida
cerimoniosa/excelsa/mundana
meiga/nostálgica/leviana
íntima/libidinosa/poética
saturada/satírica/céptica
alva/esclarecida/expectante
rasgada/vasta/exorbitante
misteriosa/contorcida/inabalável
egocêntrica/cruel/inexplicável
volúvel/inflamada/viciosa
fútil/distraída/caprichosa
maviosa/vibrante/condescendente
recreativa/rósea/prudente
viscosa/libertina/viciada
tranquila/pensativa/debilitada
circunspecta/pomposa/formal
expansiva/generosa/total
mística/doente/devaneadora
agreste/descarnada/ameaçadora
frágil/melada/recolhida
depauperada/desbotada/sumida

Alberto Pimenta

lunes, 14 de marzo de 2016

Mesas vacías

“Así, pues, en el estado de derecho el mundo ético y su religión se han hundido en la conciencia cómica, y la conciencia desventurada es el saber de esta pérdida total. Para ella, se han perdido tanto el valor intrínseco de su personalidad inmediata como el de su personalidad mediata, el de la personalidad pensada. Ha enmudecido la confianza en las leyes eternas de los dioses, lo mismo que la confianza en los oráculos que pasaban por conocer lo particular. Las estatuas son ahora cadáveres cuya alma vivificadora se ha esfumado, así como los himnos son palabras de las que ha huido la fe; las mesas de los dioses se han quedado sin comida y sin bebida espirituales y sus juegos y sus fiestas no infunden de nuevo a la conciencia la gozosa unidad de ellas con la esencia. A las obras de las musas les falta la fuerza del espíritu que vela brotar del aplastamiento de los dioses y los hombres la certeza de sí mismo. Ahora, ya solo son lo que son para nosotros -bellos frutos caídos del árbol, que un gozoso destino nos alarga, cuando una doncella presenta esos frutos; ya no hay ni la vida real de su existencia, ni el árbol que los sostuvo, ni la tierra y los elementos que constituían su sustancia, ni el clima que constituía su determinabilidad o el cambio de las estaciones del año que dominaban el proceso de su devenir. De este modo, el destino no nos entrega con las obras de este arte su mundo, la primavera y el verano de la vida ética en las que florecen y maduran, sino solamente el recuerdo velado de esta realidad.”

Georg Wilhelm Friedrich Hegel
Historia de Jesús

domingo, 6 de marzo de 2016

Pre-pólders



Ferme Au Bord Du Zuiderzee
Georges de Feure

Baruch busca

"Cuando la experiencia me hubo enseñado que todos los hechos de la vida cotidiana son vanos y fútiles y me di cuenta de que todo aquello que era para mí origen y objeto de temor no contenía nada de bueno ni de malo en sí, sino sólo en la medida en que el alma era movida, decidí finalmente buscar si existía algo que fuera un bien verdadero, capaz de comunicarse y el único por el cual, dejando de lado todos los demás, el alma pudiera ser afectada; mejor dicho, si existía algo que, al haberlo descubierto y adquirido, me procurase el eterno goce de una alegría continua y suprema."

Baruch Spinoza
Tratado de la reforma del entendimiento


lunes, 1 de febrero de 2016

Bañistas


De korenoogst 
Fragmento 
Pieter Bruegel el Viejo 
1565

jueves, 21 de enero de 2016

Borrachera

“Las tormentas del tiempo no fueron benignas para los presocráticos: sus barcos naufragaron y sólo quedan unas cuantas tablas destrozadas. Pero las pocas pruebas que tenemos nos hablan de los hombres: nos revelan que buscaron las fuentes de la razón y bebieron de ellas; y aunque en ocasiones aquella original y embriagadora libación provocara el delirio de su cerebro, seguimos teniendo con ellos una deuda inmensa por su maravillosa embriaguez. Su paso tambaleante nos enseñó a caminar con más firmeza: si ellos no se hubieran emborrachado, aún estaríamos arrastrando los pies.”

Jonathan Barnes
Los  presocráticos

miércoles, 20 de enero de 2016

Negro de mierda

Si a una persona le apetece dejar su país o ciudad y trasladarse a otro sitio se transforma automáticamente en alguien “de mierda”, salvo que vaya forrado, claro. Uno parece estar condenado a quedarse en el sitio donde lo han parido para tener unos mínimos derechos. Da igual si debe pasarse la vida entre las cabras, o soportar una dictadura o morirse sin saber qué hay más allá de sus narices.
Y, más aún, si es negro.
A Festus Uwumagbe se le ocurrió dejar su pueblo de Nigeria e ir a Madrid para llevar otro tipo de vida. Poco después se dio cuenta de que se había convertido en un “negro de mierda”. Hasta tal punto que se le obsequió con la más inhumana de las muertes. La de la falta de atención médica en un país supuestamente desarrollado. Un paro cardiaco-respiratorio se encargó de que hubiera un negro menos apestando las civilizadas calles españolas.
En todas partes hay gente “de mierda”. Los negros, moros, gitanos y sudacas son “de mierda” en Europa. Un andaluz en Cataluña es un “xarnego de mierda”. Y un catalán en Andalucía es un “polaco de mierda”. Cualquier español es “de mierda” en Europa. Y el que no lo sea es un “guiri de mierda” en España.
¿Qué ocurre? ¿Cuál es la tara?
En realidad, yo tengo la ligera sospecha de que todo el mundo es “de mierda”. Porque todos la llevamos dentro y cagamos y luego tenemos que limpiarnos con el papel del váter. Lo malo es cuando se queda atascada en nuestras mentes y es imperiosa la necesidad de un laxante neuronal para que queden limpias y, además de crueles, nos impidan ser idiotas y cerriles.
Si de algo somos, es de agua. Así que me pregunto si no sería más preciso llamarle a un africano “negro o moro de agua”. Y no dejarlo morir sin asistencia médica, aunque sea profesor de filosofía en su país o analfabeto.
Y el tiempo pasa. Y el hombre no es capaz de evolucionar. Y se sigue mirando con el recelo al que no haya nacido en la misma calle, aunque provenga del pueblo más cercano.
La muerte de Festus Uwumagbe será inútil, como tantas otras, pese a haber tenido una cierta trascendencia en la prensa. De nada servirán las manifestaciones, ni la ayuda de las “entidades humanitarias”, ni la indignación que puedan sentir quienes han estado cerca de él en sus últimos momentos.
Es algo más profundo lo que debe ocurrir. Sólo un cambio en el corazón del hombre será la única solución. Pero, mientras tanto, seguiremos siendo “de mierda”.

Raúl Núñez
Cartelera Turia
Diciembre de 1990

martes, 19 de enero de 2016

Abaleo en Moscú

EL UNIVERSAL
Martes 19 de enero de 2016 03:54 PM Caracas.
José Namecio Moncada, ex vigilante privado y albañil que trabajaba por su cuenta, falleció este domingo en el hospital Pérez Carreño de Caracas, tras un día de agonía, luego de que fuese tiroteado, golpeado y rociado en gasolina e incendiado por sujetos aun por identificar, cuando se encontraba en el barrio Moscú, en la avenida Morán de Caracas.
Familiares señalan que Moncada tenía problemas de ira y a raíz del fallecimiento de su esposa se había dedicado a la bebida, "cuando tomaba se ponía muy peleón, y parece que se metió con la persona equivocada, al extremo que unos 20 sujetos lo atacaron este sábado y terminaron asesinándolo".
Por razones que desconocemos tuvo un problema con personas que no residen en el barrio, quienes le dispararon en una pierna, cuando se encontraba herido en el piso lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego.
Los familiares llegaron a rescatarlo, debido a que la Policía no quiso ingresar a la barriada debido al riesgo que representa para ellos y lo trasladaron hasta el hospital Pérez Carreño, donde no pudieron atenderlo porque no tenían camas en la sala de cuidados intensivos y señalaron que tendría que ser trasladado hasta el hospital de El Lídice, al que no pudo llegar, ya que no había médico que lo acompañara en la ambulancia. "No es justo que le hayan hecho algo tan horrible a una persona, tenía 70% de su cuerpo quemado, eso fue muy doloroso para él y para nosotros, su muerte fue horrible, eso no se le hace a un ser humano, por lo que esperamos que se haga justicia".

El Universal

Sector San Martin, parroquia de San Juan

CARLOS D'HOY | EL UNIVERSAL
Martes 19 de enero de 2016 11:06 AM Caracas.
Amadeo Pereira (22), quien en los últimos tiempos se ha hedicado al "bachaqueo" o reventa de productos, se encontraba a las 2:30 a.m. de este martes cerca de una tienda Farmatado, donde había comprado una serie de productos de limpieza y uso personal, y decidió comprarse una empanada.
En el camino cinco sujetos lo interceptaron y le propinaron varias puñaladas hasta matarlo. Luego se dieron a la fuga.
El hecho ocurrió en la plaza Martín, al lado de la Maternidad Concepción Palacios, en la sector San Martín de la parroquia San Juan.

El Universal.

viernes, 8 de enero de 2016

Weber

domingo, 1 de noviembre de 2015

El convidado

viernes, 30 de octubre de 2015

Mockba

domingo, 20 de septiembre de 2015

Vysotski

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Providence

“Su hogar era una gran mansión de estilo georgiano edificada en la cumbre de la colina que se alza al este del río y desde cuyas ventanas traseras se divisan los chapiteles, las cúpulas, los tejados y los rascacielos de la parte baja de la ciudad, al igual que las colinas purpúreas que se yerguen a lo lejos, en la campiña. En esa casa nació y a través del bello pórtico clásico de su fachada de ladrillo rojo, le sacaba la niñera de paseo en su cochecillo. Pasaban junto a la pequeña alquería blanca construida doscientos años antes y englobada hacía tiempo en la ciudad; pasaban, siempre a lo largo de aquella calle suntuosa, junto a mansiones de ladrillo y casas de madera adornadas con porches de pesadas columnas dóricas que dormían, seguras y lujosas, entre generosos patios y jardines, y continuaban en dirección a los imponentes edificios de la universidad.
Le habían paseado también a lo largo de la soñolienta Congdon Street, situada algo más abajo en la falda de la colina y flanqueada de edificios orientados a levante y asentados sobre altas terrazas. Las casas de madera eran allí más antiguas, ya que la ciudad había ido extendiéndose poco a poco desde la llanura hasta las alturas, y en aquellos paseos Ward se había ido empapando del colorido de una fantástica ciudad colonial. La niñera solía detenerse y sentarse en los bancos de Prospect Terrace a charlar con los guardias, y uno de los primeros recuerdos del niño era la visión de un gran mar que se extendía hacia occidente, un mar de tejados y cúpulas y colinas lejanas que una tarde de invierno contemplara desde aquella terraza y que se destacaba, violento y místico, contra una puesta de sol febril y apocalíptica llena de rojos, de dorados, de púrpuras y de extrañas tonalidades de verde. Una silueta masiva resaltaba entre aquel océano, la vasta cúpula marmórea del edificio de la Cámara Legislativa con la estatua que la coronaba rodeada de un halo fantástico formado por un pequeño claro abierto entre las nubes multicolores que surcaban el cielo llameante del crepúsculo.
Cuando creció empezaron sus famosos paseos, primero con su niñera, impacientemente arrastrada, y luego solo, hundido en soñadora meditación. Cada vez se aventuraba un poco más allá por aquella colina casi perpendicular y cada vez alcanzaba niveles más antiguos y fantásticos de la vieja ciudad. Bajaba por Jenckes Street, bordeada de paredes negras y frontispicios coloniales, hasta el rincón de la umbría Benefit Street donde se detenía frente a un edificio de madera centenario, con sus dos puertas flanqueadas por pilastras jónicas. A un lado se alzaba una casita campestre de enorme antigüedad, tejadillo estilo holandés y jardín que no era sino los restos de un primitivo huerto, y al otro la mansión del juez Durfee, con sus derruidos vestigios de grandeza georgiana. Aquellos barrios iban convirtiéndose lentamente en suburbios, pero los olmos gigantescos proyectaban sobre ellos una sombra rejuvenecedora y así el muchacho gustaba de callejear, en dirección al sur, entre las largas hileras de mansiones anteriores a la Independencia, con sus grandes chimeneas centrales y sus portales clásicos. Charles podía imaginar aquellos edificios tales como cuando la calle fue nueva, coloreados los frontones cuya ruina era ahora evidente.
Hacia el oeste el descenso era tan abrupto como hacia el sur. Por allí bajaba Ward hacia la antigua Town Street que los fundadores de la ciudad abrieran a lo largo de la orilla del río en 1636. Había en aquella zona innumerables callejuelas donde se apiñaban las casas de inmensa antigüedad, pero, a pesar de la fascinación que sobre él ejercían, hubo de pasar mucho tiempo antes de que se atreviera a recorrer su arcaica verticalidad por miedo a que resultaran ser un sueño o la puerta de entrada a terrores desconocidos. Le parecía mucho menos arriesgado continuar a lo largo de Benefit Street y pasar junto a la verja de hierro de la oculta iglesia de San Juan, la parte trasera del Ayuntamiento edificado en 1761, y la ruinosa posada de la Bola de Oro, donde un día se alojara Washington. En Meeting Street -la famosa Gaol Lane y King Street de épocas posteriores-, se detenía y volvía la mirada al este para ver el arqueado vuelo de escalones de piedra a que había tenido que recurrir el camino para trepar por la ladera, y luego hacia el oeste, para contemplar la antigua escuela colonial de ladrillo que sonríe a través de la calzada al busto de Shakespeare que adorna la fachada del edificio donde se imprimió, en días anteriores a la Independencia, la Providence Gazette and Country Journal. Luego llegaba a la exquisita Primera Iglesia Baptista, construida en 1775, con su inigualable chapitel, obra de Gibbs, rodeado de tejados georgianos y cúpulas que parecían flotar en el aire. Desde aquel lugar, en dirección al sur, las calles iban mejorando de aspecto hasta florecer, al fin, en un maravilloso grupo de mansiones antiguas, pero hacia el oeste, las viejas callejuelas seguían despeñándose ladera abajo, espectrales en su arcaísmo, hasta hundirse en un caos de ruinas iridiscentes allí donde el barrio del antiguo puerto recordaba su orgulloso pasado de intermediario con las Indias Orientales, entre miseria y vicios políglotas, entre barracones decrépitos y almacenes mugrientos, entre innumerables callejones que han sobrevivido a los embates del tiempo y que aún llevan los nombres de Correo, Lingote, Oro, Plata, Moneda, Doblón, Soberano, Libra, Dólar y Centavo.
Mas tarde, una vez que creció y se hizo más aventurero, el joven Ward comenzó a adentrarse en aquel laberinto de casas semiderruidas, dinteles rotos, peldaños carcomidos, balaustradas retorcidas, rostros aceitunados y olores sin nombre. Recorría las callejuelas serpenteantes que conducían de South Main a South Water, escudriñando los muelles donde aún tocaban los vapores que cruzaban la bahía, y volvía hacia el norte dejando atrás los almacenes construidos en 1816 con sus tejados puntiagudos y llegando a la amplia plaza del Puente Grande donde continúa firme sobre sus viejos arcos el mercado edificado en 1773. En aquella plaza se detenía extasiado ante la asombrosa belleza de la parte oriental de la ciudad antigua que corona la vasta cúpula de la nueva iglesia de la Christian Science igual que corona Londres la cúpula de San Pablo. Le gustaba llegar allí al atardecer cuando los rayos del sol poniente tocan los muros del mercado y los tejados centenarios, envolviendo en oro y magia los muelles soñadores donde antaño fondeaban las naves de los indios de Providence. Tras una prolongada contemplación se embriagaba con amor de poeta ante el espectáculo, y en aquel estado emprendía el camino de regreso a la luz incierta del atardecer subiendo lentamente la colina, pasando junto a la vieja iglesita blanca y recorriendo callejas empinadas donde los últimos reflejos del sol atisbaban desde los cristales de las ventanas y las primeras luces de los faroles arrojaban su resplandor sobre dobles tramos de peldaños y extrañas balaustradas de hierro forjado.
Otras veces, sobre todo en años posteriores, prefería buscar contrastes más vivos. Dedicaba la mitad de su paseo a los barrios coloniales semiderruidos situados al noroeste de su casa, allí donde la colina desciende hasta la pequeña meseta de Stampers Hill, con su ghetto y su barrio negro arracimados en torno a la plaza de donde partía la diligencia de Boston antes de la Independencia, y la otra mitad al bello reino meridional de las calles George, Benevolent, Power y Williams, donde permanecen incólumes las antiguas propiedades rodeadas de jardincillos cercados y praderas empinadas en que reposan tantos y tantos recuerdos fragantes.”
……………..
“Poco más allá de la iglesia de Elder Snow, algunos de los hombres se volvieron a mirar la ciudad dormida bajo las estrellas primaverales. Torres y chapiteles elevaban sus formas oscuras mientras que del norte llegaba una suave brisa con regusto a sal. La estrella Vega se elevaba al otro lado del agua, sobre la alta colina coronada de una arboleda interrumpida sólo por los tejados del edificio de la universidad, aún en construcción. Al pie de la colina y en torno a las callejuelas que descendían ladera abajo, dormía la ciudad, la vieja Providence,...”
……………..
“… el joven llegó a Nueva York en el Homeric y recorrió en autobús la distancia que le separaba de Providence. Absorbió en aquel recorrido ansiosamente con la mirada la belleza de las colinas verdes y onduladas, de los huertos fragantes en flor y de los pueblos de blancas torres de la antigua Connecticut. Era su primer contacto con Nueva Inglaterra después de una ausencia de casi cuatro años. Cuando el autobús cruzó el Pawcatuck y se adentró en Rhode Island entre la magia de la luz dorada de aquella tarde primaveral, su corazón rompió a latir con rapidez desusada. La entrada en Providence por las amplias avenidas de Reservoir y Elmwood le dejó sin respiración a pesar de que para entonces se hallaba ya hundido en las profundidades de una erudición prohibida. En la plaza donde confluyen las calles Broad, Weybosset y Empire vio extenderse ante él a la luz del crepúsculo las casas y las cúpulas, las agujas y los chapiteles del barrio antiguo, ese paisaje tan bello y que tanto recordaba. Sintió también una extraña sensación mientras el vehículo avanzaba hacia la terminal situada detrás del Biltmore revelando a su paso la gran cúpula y la verdura suave, salpicada de tejados, de la vieja colina situada más allá del río y la esbelta torre colonial de la Iglesia Baptista cuya silueta rosada destacaba a la mágica luz del atardecer sobre el verde fresco y primaveral del escarpado fondo.
¡La vieja Providence! Aquella ciudad y las misteriosas fuerzas de su prolongada historia le habían impulsado a vivir y le habían arrastrado hacia el pasado, hacia maravillas y secretos cuyas fronteras no podía fijar ningún profeta. Allí esperaba lo arcano, lo maravilloso o lo aterrador, aquello para lo cual se había preparado durante años de viajes y de estudio. Un taxi le condujo hasta su casa pasando por la Plaza del Correo, desde donde pudo vislumbrar el río, el mercado viejo y el comienzo de la bahía, y siguió colina arriba por Waterman Street hasta llegar a Prospect, donde la cúpula resplandeciente y las columnas jónicas del templo de la Christian Science, iluminadas por el sol poniente, despedían destellos rojizos hacia el norte. Vio luego las mansiones que habían admirado sus ojos de niño y las pulcras aceras de ladrillo tantas veces recorridas por sus pies infantiles. Y al fin el edificio blanco de la granja a la derecha, y a la izquierda el porche clásico y los miradores de la casa donde había nacido. Oscurecía y Charles Dexter Ward había llegado a casa.”


H. P. Lovecraft
El caso de Charles Dexter Ward 

miércoles, 5 de agosto de 2015

Polisoir milagroso


En invierno caen al mar los gritos de los semáforos
acribillados de viento y de crucifixión
Un barco puede naufragar en una gota de mi sangre
de mi sangre cuando cae sobre el pecho
de una marquesa Luís XV de espuma

Ese paisaje se hiela menos sobre el espejo
que sobre las uñas de los muertos
que han de resucitar
con los dedos convertidos en flores
en flores de agonía extinta y de salvación

Partida como el valle de Josafat
les espera la raya de mi cabeza
Mientras Cristo condena
la Virgen María en peinador blanco
dará un pedazo de pan a todos los condenados
y pondrá un pájaro de caricias
en la frente de los que se salven.

Luis Buñuel

viernes, 24 de julio de 2015

Tabla

sábado, 30 de mayo de 2015

Pedro el Rojo